Discurso de Gabriel Boric en cambio de mando FECh 2012.

Compañeros:

Son días intensos los que nos tocan vivir. Días en que nuevamente, después de mucho tiempo, vuelve a rondar en el aire esa indescriptible sensación de ser dueños de nuestros destinos, en donde nos reconocemos con nuestros pares, y donde nuestros proyectos individuales, vuelven a fundirse en proyectos colectivos que se enriquecen con las particularidades de cada uno de nosotros.

 

¿Qué es lo que ha cambiado? ¿En qué momento pasamos del Chile de la apatía, de ese Chile opaco del “no estoy ni ahi”, al Chile de las marchas multitudinarias, llenas de colores y alegría?

 

Los procesos sociales, sabemos, no se producen de un día para otro. No podemos atribuir el origen de lo sucedido este año a generación espontánea ni a meras casualidades. Es necesario realizar una genealogía del malestar para tratar de comprender donde estamos, y por qué hemos llegado hasta aquí.

 

Y es que como movimiento estudiantil somo herederos de luchas pasadas que nos constituyen, no nos inventamos cada año con el recambio de nuestros dirigentes. El movimiento estudiantil tiene historia y por ende, debe tener memoria, para así poder extraer de las experiencias pasadas los aciertos y los errores. Aprender de nosotros mismos.

 

En ese sentido, nos sentimos herederos de las luchas por democratización de los 90”s, de la pelea por dignidad que constituyó el mochilazo de los secundarios el 2001, y por cierto, de la revolución de los pinguinos del 2006, de la que tantas lecciones hemos sacado. Pero por sobre todo, nos sentimos parte de la tradición de lucha de los movimientos sociales que a lo largo de la historia de Chile, siempre han bregado por mayor justicia y equidad, y a partir de su organización y movilización, han ido permanentente corriendo las barreras de lo que en cada momento histórico se ha querido hacer entender como posible.

 

Somos en definitiva, parte de un proceso diálectico, en permanente evolución y transformación. Somos continuidad y somos cambio, somos historia y somos futuro.

 

Ahora, pensando en particular en este 2011 muchas veces me he preguntado por la esencia de este movimiento. Y a partir de esta reflexión, bien vale señalar que en ningún caso pretendo estampar verdades incuestionables, sino humildemente, aportar elementos para el debate sobre la comprensión del período que nos toca enfrentar.

 

En esa lógica, es que creo que el movimiento de este año viene a señalar el fin de una manera de comprender la política. Aquella que nos decía que ésta era patrimonio exclusivo de políticos profesionales, donde las decisiones se tomaban en cuatro paredes blindadas, y en la que el ciudadano común y corriente no debía tener injerencia en la discusión sobre hacia dónde y cómo avanzamos como país. Esta política, muchas veces falsamente disfrazada de técnica para aislarse de la comprensión de las mayorías, fue sustentada por una elite que se creyó autosuficiente, y prescindió de la gente salvo cuando había que convocarla a elecciones periódicas que daban una fachada democrática al actual sistema. “La fiesta de la Democracia” le llamaban cada 4 años al rito de votar donde había muy poco que decidir.

 

Me atrevería a decir, que fue esta lógica la que caracterizó la eterna transición de nuestro país. La exclusión política de las grande mayorías del país.

Y es contra esa exclusión contra la que también nos revelamos hoy. Porque si miramos con atención, nos encontramos con un fenómeno paradójico que da cuenta de las transformaciones que está viviendo nuestro país, que es que en nuestra sociedad, tanto los personajes políticos clásicos, como sus partidos, y además las instituciones, se encuentran hoy en una profunda crisis de prestigio. Sin embargo, a la par que desconfiamos de los elementos tradicionales de la vida política de nuestro país, hemos vuelto a salir a la calle, hemos vuelto a organizarnos, hemos vuelto a creer en la acción colectiva como forma de transformar la realidad. Ya no somos indiferentes.

 

Pero este fenómeno que describo sigue siendo muy débil, por varios motivos. En primer lugar, pese al cambio cultural que se está comenzando a gestar, las defensas del viejo orden siguen siendo poderosas. Así lo notamos cada vez que escuchamos a un político o un tecnócrata señalar que “los estudiantes tiene un gran mérito, haber puesto a la educación como tema central en el debate país, ahora deben dejarnos a nosotros resolver el problema”. No entienden que este movimiento ya no está disponible para ser la carne de cañón que se gasta en las calles para instalar temas y después delegar las transformaciones sin más en los mismos de ayer. De la experiencia del 2006 y la tan tristemente famosa foto de los brazos en alto, aprendimos que la clase política busca procesar la protesta social mediante la división y desgaste de sus actores, para después terminar realizando ajustes de carácter neoliberal al modelo. Sean profundizaciones o parches, la estrategia del gatopardo siempre es la misma. Cambiar algo para que todo siga igual.

 

Otro elemento de debilidad al que nos enfrentamos es que la institucionalidad de nuestro país está diseñada para excluir a las mayorías de la vida política, además de poner severos obstáculos para poder avanzar en trasnformaciones sustativas de la misma institucionalidad. La ley de Partidos Políticos, el Sistema Binominal, los Quórums contra-mayoritarios en el Congreso son solo ejemplos de esto. En el fondo, es un bóveda cerrada por dentro, que a partir de un cuidadoso diseño ha logrado mantenerse esencialmente intacta desde su creación. Y era que no… al final del día solo es posible comprender la Constitución de 1980 en un contexto autoritario.

 

¿Cómo enfrentarnos a esta cerrazón instucional? Sin duda alguna el movimiento social en Chile debe avanzar hacia un nuevo proceso constituyente, y afortudamente son cada vez más las voces que lo plantean. El cómo abordar este desafío es una tarea pendiente para todos nosotros. Por ahora, de las pocas certezas que tenemos es que los diferentes movimientos sociales deben trabajar en la recomposición del tejido social en nuestro país, y avanzar hacia una articulación conjunta que nos permita dar el salto desde las luchas sectoriales a las luchas propiamente políticas. Pondremos todo nuestro esfuerzo en avanzar en esa dirección.

 

Ahora bien, las debilidades no están solo afuera, sino que también dentro de nosotros como movimiento. En este sentido es importante que para volver a avanzar, todos quienes fuimos participes de lo sucedido este año nos detengamos un segundo y realicemos una autocrítica constructiva. ¿Qué nos faltó para ganar? ¿Cuáles fueron los errores que cometimos?

 

Es preciso comenzar esta autocrítica señalando lo obvio. Este movimiento fue posible gracias al trabajo, en muchos casos anónimo, de miles de personas que a lo largo de todo Chile, en la periferia de las ciudades, en la regiones olvidadas, se movilizaron durante más de seis meses. No todos tuvieron las cámaras que tuvimos aquí en Santiago, pero sin duda fueron parte de la columna vertebral de esta movilización. En ese sentido, tanto los errores como los aciertos deben ser evaluados colectivamente.

 

Quizás el principal error que cometimos, fue nuestra incapacidad de consolidar alianzas. Porque si podemos decir con orgullo que en un momento todos los actores, profesores, rectores, secundarios y universitarios, estabamos detrás de un mismo objetivo, al final de este año ya no podemos decir lo mismo. Y aquí sin duda que las responsabilidades son compartidas. Pero más allá de esto, lo importante hoy es que seamos capaces de volver a dar vida a un movimiento social unificado, en donde todos sus actores sean protagonistas, y en donde los intereses particulares de cada uno de nosotros esté supeditado a nuestros objetivos comunes. En ese marco es que a la brevedad debemos avanzar hacia acuerdos programáticos que nos den una plataforma unificada para enfrentar el próximo año.

 

La unidad va a ser un factor clave en donde se va a jugar buena parte de nuestras posibilidades de consolidar avances concretos en educación. Porque frente a la demostrada intransigencia del gobierno, solo nos queda fortalecer nuestros lazos en todas sus dimensiones. Unidad entre universitarios y secundarios, unidad entre académicos, estudiantes y funcionarios, unidad entre establecimientos de Santiago y de regiones, unidad entre estudiantes de instituciones estatales y privadas.

 

Y sobre este último punto bien vale detenerse.

 

Sabemos que entre las Universidades Privadas y Estatales existen grandes diferencias y que por ende corresponde que tengan un trato diferenciado por parte del Estado. Sin embargo, estas diferencias no deben obviar que hoy cerca del 70% de los estudiantes de la educación superior se concentra en el sector privado, y durante el año que termina nos hemos sorprendido gratamente al constatar que nuestras demandas tienes más puntos de convergencia que divergencias. Mayor regulación, acreditación en serio, fin al lucro, incluso aportes basales para las universidades del estado, son temas en los que hemos estado de acuerdo. Pero no es suficiente. No es suficiente porque aun existen instituciones en donde la organización está prohibida  y donde por ende sus alumnos aun no tienen una voz que los represente. Es por esto que desde la CONFECh debemos ser capaces también de convocar a estos estudiantes que viven en carne propia las contradicciones más violentas de este sistema mercantilizado, potenciando y colaborando cuando lo requieran en su organización.

 

Dicho esto, me parece importante romper con el mito que pregona que el actual sistema de Educación Superior responde a una política de continuidad que se remonta desde mediados del siglo XIX. Porque si bien es cierto que el sistema chileno ha sido históricamente de provisión mixta (pública privada), la gran diferencia que existe entre sus bases históricas y el presente, es que éste tenía en sus orígenes y durante su desarrollo, una hegemonía pública que irradiaba a todo el sistema.

 

Y en algún momento hubo un viraje.

 

Un viraje que transformó radicalmente el rumbo de la educación chilena, y con ello, la forma de entender el desarrollo del país mismo. No señalo ninguna novedad cuando fijo como época de esta transformación la década de los 80, en particular en el Decreto con Fuerza de Ley N°1 de 1981 que trajo consigo el cercenamiento de las Universidades Estatales y la liberalización en la creación de nuevos Centros de Educación Superior desde una lógica de emprendimiento privado. Esta reforma, no está demás decirlo, sólo era posible (al igual que tantas otras de la época) en un contexto autoritario y donde no era posible la deliberación pública.

 

¿Que fue lo que cambió con esta reforma? ¿Qué perdimos?

 

En concreto, lo que se perdió, fue la posibilidad de control democrático de la educación. Porque de ahi en adelante, la manera predominante, de manera ascendente, que tiene la sociedad para incidir en el proceso educativo, es mediante el mercado. ¿Qué significa en concreto esto? Que frente a proyectos como el de Alicia Romo, Rectora de la Universidad Gabriela Mistral (“Ay Lucila, por qué te Engabrielaron”), la sociedad no tiene nada que decir. Entonces tenemos que frente a una Universidad que prohibe la formación de Centros de Estudiantes y Federaciones porque a su dueña le molesta la idea de “representación”, donde el ingreso de homosexuales no está permitido porque su dueña los encuentra “raros”, salvo claro, que “no tengan pretensiones”, donde la carrera de Medicina está descartada porque a su dueña no le gusta la sangre, y donde la mujeres no pueden usar faldas cortas ni los hombres pelo largo por una extraña mezcla de estética y moral (declaraciones a la revista El Sábado), no hay mucho que hacer.

 

¿Como es esto posible?

 

Ella se escuda en su derecho de propiedad, que hoy por hoy, tiene una clara preeminencia sobre la dimensión pública de la Educación.

 

Pero este caso es solo la muestra de un exceso, y lo que nos importa aquí es la esencia del problema.

 

En definitiva, después de 1981, y bajo el amparo de la Constitución del 80, se comienza a instalar en Chile una hegemonía privada de la matrícula, y la educación pasa a ser concebida con un bien de carácter privado de rentabilización, asimismo, privada. Se va perdiendo paulatinamente el fin social de la educación.

 

Ahora bien, me gustaría hacer una pequeña pero importante prevención. He dicho en esta intervención que el que la política pública respecto a educación que tenemos hoy sea parte de una continuidad histórica es un mito, y que en la década de los 80 hay un quiebre radical con el sistema anterior. Sin embargo esto no implica que yo pretenda aquí hacer una defensa de la vieja Educación Pública del siglo XX. Porque ésta sin duda también tenía sus defectos, principalmente en términos de cobertura y elitización  y entrar a defenderla desde una perspectiva nostálgica de que “el tiempo pasado siempre fue mejor”, implicaría un desarme respecto al presente.

 

Llevándolo a términos más concretos los estudiantes que nos hemos movilizado los últimos años en la Universidad, no lo hemos hecho por una defensa corporativa de la Universidad de Chile por la Universidad de Chile. Defendemos a la Universidad de Chile, y en definitiva a la Educación Pública, porque creemos que es el espacio desde donde forjar la creatividad social, y desde ahí pensar y dialogar sobre un modelo de desarrollo nacional en virtud del interés común, proceso que hoy está exclusivamente entregado a centros de pensamiento unilaterales que no tienen ningún tipo de control democrático.

 

Ya no basta la apelación a la tradición y a la historia para argumentar a favor de la Educación Pública. Como una vez me dijiera un profesor a propósito del conflicto de Derecho el año 2009, “la tradición no consiste en ocupar el viejo sombrero del abuelo, sino en comprarse uno nuevo, como alguna vez hizo el abuelo”.

 

Y esa es la gran tarea que tenemos hoy como institución. Dar cuenta al país de los motivos por los que una Universidad como la nuestra no puede ser empujada hacia la competencia por recursos, como si fuera una empresa cualquiera que debate su existencia en los vaivenes del mercado. Y para eso requerimos abordar cambios pendientes desde nuestra casa de estudio.

 

Como han señalado estudiantes e incluso académicos de todos los sectores, el 2012 no podemos comenzar como si nada hubiera pasado este año. La Universidad debe procesar la movilización de la que fuimos parte, y ser protagonista de los cambios que se vienen.

Si este año fue el de los diagnósticos, el que viene debe ser el de las soluciones. Y aquí será vital el rol que juguemos como Universidad.

 

Debemos poner toda nuestra capacidad creativa en función de la transformación social, partiendo por los cambios en educación. Si junto a los compañeros secundarios decimos desmunicipalización, debemos inmeditamente responder que sistema escolar proponemos, si decimos que no nos gusta el actual sistema de acreditación, debemos acto seguido proponer un mecanismo diferente, si decimos que el actual financiamiento es privatizador es imperativo que presentemos nuestra alternativa. Y en este proceso de generación de propuestas, los académicos deben jugar un rol fundamental. Ya no basta con que sean espectadores que se enorgullecen de la movilización estudiantil, los necesitamos, a nuestro lado, construyendo día a día los cambios hacia los que avanzamos. La nueva normalidad de la que tanto se habló durante la campaña, debe hacerse carne desde lo cotidiano de la vida universitaria, fomentando el debate triestamental, avanzando en reformas participativas en las mallas curriculares, profundizando los incipientes cambios en los sistemas de acceso a la Universidad, haciendo, en definitiva, que seamos escenario de los cambios que hoy proponemos.

Ya en la recta final de este discurso, no puedo dejar de hacer mención al quienes somos. Porque mucho se ha especulado por la prensa, y cual concurso por ponerle el cascabel al gato, se no ha etiquetado de ultra, de anarquistas, de apolíticos y de cuanto epíteto le pueda ocurrir al columnista del momento. Lo cierto es que la respuesta es mucho más simple.

 

Como Creando Izquierda, somos un proyecto que intenta aprender de los éxitos y fracasos de quienes nos han antecedido en la lucha por una sociedad más justa y democrática. Y hoy, ante las nuevas condiciones impuestas por el neoliberalismo, ante los profundos cambios del mundo y de nuestro país, creemos que la izquierda debe reimaginarse. Nos negamos a aceptar que el actual es el mejor modo de organizar la vida humana, pero también a creer que los modos para transformarla fueron todos ensayados.

 

Nuestro proyecto ha venido construyéndose con aciertos y errores, en el difícil andar del movimiento social y popular chileno de las últimas décadas, desde distintos frentes sociales, como el poblacional, el sindical, y por supuesto, el estudiantil.

 

En ese andar, siempre hemos bregado porque la gente tome el desafío de la política en sus propias manos, y también por convocar más allá de los mismos convencidos de ayer. Sabemos que en este esfuerzo no hemos sido los únicos, y que experiencias como la nuestra se replican también desde diferentes frentes. Esperamos, y trabajaremos por, en el mediano plazo, converger con todos quienes creen que otro Chile y otro mundo es posible, porque sabemos con certeza que no somos suficientes, y que hoy, particularmente hoy, caer en sectarismos identitarios es solo agua para el molino de quienes quieren mantener las cosas tal como están.

 

Para finalizar quiero agradecer a todos quienes han hecho este movimiento posible. A los compañeros de regiones, universitarios y secundarios, que ante la indeferencia de los grandes medios fueron un pilar central que le dio el carácter nacional a esta movilización. A la mesa saliente, por el esfuerzo puesto en el día a día de este año que jamás imaginamos. En particular al Pancho y a la Camila, al primero porque es de quien he aprendido el coraje y los valores que me darán sustento en el año que se vienen, y a la segunda porque es sin duda alguna el referente de una generación que decidió de una vez por todas tomar el presente en sus manos, y con quien espero trabajar codo a codo durante los días porvenir. También a los estudiantes de la Universidad de Chile, que nos dieron la confianza para encabezar esta Federación, confianza que entendemos no como un cheque en blanco, sino como un mandato de responsabilidad, honestidad y convicción en que debemos seguir trabajando por la transformación de este país.

Muchas gracias.

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Andres Fielbaum (S. Comunicaciones electo FECH) en Inútiles y Subversivos podcast!

Les dejamos esta conversación con el programa radial Inútiles y Subversivos. Fielbaum responde sobre el triunfo de Creando Izquierda en elecciones a la Fech, diagnósticos de las movilizaciones 2011, proyecciones hacia 2012 y su visión del trabajo desde la Secretaría de Comunicaciones.

Conversamos los habituales Carlos Casanova, Rodrigo Karmy, Miguel Ruiz. Invitado especial: Andrés Fielbaum, actual presidente del centro de estudiantes de Injeniería (sic), Universidad de Chile. Futuro Secretario de Comunicaciones FECH.

Pincha aquí para escuchar/bajar la entrevista

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Primera conferencia de prensa de Gabriel Boric como presidente electo Fech


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Pablo Soto

Mi nombre es Pablo Soto, estudiante de Sociología en la Facultad de Sociales, y soy uno de los candidatos a la Mesa Directiva de la FECH por la Lista F, Creando Izquierda. Aparte de la política siempre me ha interesado mucho la música y estoy tocando percusión en varios grupos (salsa, son y rock-pop).

Mi paso por la Universidad no empezó en Sociales, pero sí en el Campus Juan Gómez Millas: una vez que salí de 4° Medio en el Liceo San Agustín, tuve un año donde me dediqué a trabajar, hacer clases y preu porque quería estudiar Ingeniería pero no estaba muy seguro. Ese año decidí dar la prueba y entrar al Programa de Bachillerato que me interesó por la posibilidad de conocer las distintas carreras que entregaba la U. Ya desde ahí tuve una inquietud y motivación permanente por el trabajo en la U, y fue a partir de esa inquietud que meses más tarde con otros compañeros nos postulamos al Centro de Estudiantes de Bachillerato (CEBa). Desde la presidencia del CEBa impulsamos el proceso de movilización contra el CAE yendo a todas las Facultades de la Chile, sala por sala contando cuales era los problemas de este crédito.

Ya desde Bachi me generó interés el emergente esfuerzo autonomista, en particular en la que poco después iba a ser mi Facultad. Pude ver con gran interés el proceso de reestructuración que se estaba impulsando por esos años en Sociales, y todos los cuestionamientos que este proceso encarnaba: a la mala calidad de la docencia, profes que recibían sueldos sin pisar la facultad en años, y la precariedad laboral de buenos académicos jóvenes que ejercían a honorarios y sin posibilidades de ser integrados a las plantas.

Una vez que entré a Sociales, participé de manera activa como estudiante, trabajando en comisiones del paro de la Facultad dentro de lo que fue la movilización estudiantil del 2006, fui parte activa ese año en el Centro de Estudiantes. Pero también me involucré en procesos internos que los estudiantes encaramos en Sociales: irrumpimos en la elección de decanos e instalamos nuestras demandas (discutidas masivamente en todos los cursos) por mejores cátedras y condiciones de infraestructura, contra el inaceptable negocio de la Fundación de Ciencias Sociales, y por la salida del Director de Escuela que representaba un personaje emblemático del negocio de los proyectos de investigación sin pago alguno para la Facultad.

El 2007 también estuve participando desde el principio en las primeras movilizaciones contra algo que se veía venir: el uso del “Proyecto Bicentenario” de revitalización del Campus JGM como caballo de Troya para la instalación de los “convenios de desempeño”, forma de financiamiento que obliga a las universidades públicas a “boletearle” al Estado, y las pone a todas a competir de igual a igual y responder a los mismos objetivos que las privadas. Para el 2008 fui elegido Concejero FECH y estuve muy involucrado en esa problemática desde el comienzo, con varios compañeros, levantando funas y problematizando en las asambleas y en los cursos lo que se venía. Lamentablemente los estudiantes de JGM salimos heridos de esa movilización, nos encerramos en una toma de Campus que no nos permitió conseguir los objetivos que nos fijamos, y dejó coletazos que persisten hasta hoy.

A pesar de eso, con otros compañeros intentamos trabajar para obtener algunas conquistas, a eso me intenté abocar cuando fui elegido representante de Sociales para la Comisión de Gestión Académica (CGAA) del Proyecto Bicentenario durante ese año 2008. De ese proceso surgieron aspectos como la incorporación del mecanismo de referéndum a toda la comunidad para las decisiones más críticas del proyecto (como DEBE realizarse sobre el uso de Calama, que en mi opinión debemos defender como cancha), y el que exista participación estudiantil permanente e institucionalizada durante todo el proceso de ejecución del proyecto, entre otras cosas. De ahí en adelante me he mantenido hasta el día de hoy trabajando de manera activa en la problemática del Campus, siendo elegido el 2009 como uno de los dos representantes estudiantiles en el Comité Ejecutivo del Proyecto Bicentenario.

Además del conflicto del Campus, el 2008 fui partícipe de la Comisión Central de Morosidad que se constituyó ese año, cuyos acuerdos han sido sistemáticamente pasados a llevar en los últimos años por parte de la Vicerrectoría Económica, sin que haya existido desde las federaciones del 2009 en adelante la fuerza ni la voluntad suficiente para defenderlos: en reiteradas ocasiones se han enviado estudiantes con deudas de arancel a DICOM, y en general el trato de la Universidad a sus más de 3.000 estudiantes morosos (de los cuales formo parte) está muy lejos de lo que la Chile predica hacia afuera.

La indignación por la situación de estos compañeros y mía también, fue la principal motivación para postular al cargo de Delegado de Bienestar FECH, desde el cual me propuse fomentar la organización de los compañeros que enfrentamos la problemática del endeudamiento tanto dentro como fuera de la Universidad. Intentamos levantar la primera “Asamblea de Endeudados” de la Chile, espacio de coordinación en torno a la demanda por un trato digno a los estudiantes con deudas de arancel y por un posicionamiento activo de la Universidad respecto al flagelo país del endeudamiento y la bancarización de nuestras vidas, instancia que espero y confío que este 2012 se logre rearticular y consolidar a través del trabajo que como Creando Izquierda logremos implementar desde la FECH y desde Bienestar (con Nicolás Valenzuela, Cristóbal Moya, y mi compañera de Sociales Loreto Fernández).

Como Delegado de Bienestar también participé durante todo el año en la Comisión Central del SEMDA, en coordinación con compañeros de Salud y otras Facultades, peleando contra su estado de postergación y por un servicio de salud de calidad para los estudiantes de la Universidad. Además, estuve trabajando en coordinación con todas las Facultades para socializar las informaciones y evitar eventuales pérdidas de beneficios de los estudiantes asociadas a las movilizaciones, junto con enfrentar a autoridades que desconocían acuerdos que tomamos con el nivel central.

Por todo lo anterior, todas las experiencias, los aciertos y los errores cometidos, es que he sentido la necesidad de postularme a la Federación: porque estamos convencidos firmemente que la Chile no puede tener que recordar a los ex-presidentes, a Andrés Bello o a Ignacio Domeyko para apelar a su vocación pública, no puede tener una importancia puramente simbólica, menos aún después de un año como este. La Chile debe constituirse materialmente como una Universidad capaz de pensar Chile, de reflejar en si misma el tipo de educación superior pública que el país necesita, y volcar todo su conocimiento a la generación de propuestas e iniciativas para transformar nuestra sociedad.

Pablo Soto
Delegado de Bienestar Estudiantil 2011
Candidato a la Mesa Directiva FECH 2012
Lista F, Creando Izquierda

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Danae Sinclaire

Hola, mi nombre es Danae Sinclaire, soy egresada de Medicina de la Universidad de Chile y actualmente estoy estudiando para mi Examen Unico Nacional de conocimientos en medicina (EUNACOM) además de estar en campaña por mi candidatura a la Mesa Directiva de la FECh por la Lista F, Creando Izquierda.

Empecé a participar en política en la Facultad desde mechona. Primero fui delegada de curso, luego, el 2006, vicepresidenta del Centro de Estudiantes de Salud (CES). Me desempeñé como presidenta del CES el 2007, año en el que trabajamos la discusión de la costrucción del Proyecto de Desarrollo Institucional, la necesidad de innovación curricular y la situación de los campus clínicos. Ese año también impulsamos iniciativas de vinculación con la comunidad como la escuela de formación de dirigentes sociales en Salud y  el congreso de educación de la zona norte de Santiago.

Otra de mis preocupaciones centrales  ha sido que desde esta facultad (tanto de sus estudiantes como de sus académicos) seamos capaces de tener una  mirada crítica en torno a las políticas públicas en salud de nuestro país, es por esto que en conjunto con otros compañeros participé en la revista Hipocampo de salud y medicina Social.

El 2008 fui concejera Fech, y Senadora Universitaria durante el periodo hasta 2010. Aquí trabajé por la redistribución de las platas al interior de la U, para acabar con las desigualdades existentes entre nuestras propias facultades. Lamentablemente en Consejo Universitario nunca tuvo la voluntad de avanzar en esa dirección.

Trabajé en los diferentes reglamentos, un trabajo bastante árido a veces, pero que el dia de hoy permite por ejemplo que tengamos delegados de escuela democráticamente electos.

Este año me desempeñé en el cargo de consejera Fech, participé activamente de las movilizaciones de la facultad, desde marzo, trabajando primero en la comisión para generar la Encuesta de salud del Semda, luego durante toda la movilización nacional, principalmente en las asambleas de carrera, ACED, Plenos y consejos de presidentes, desde el rol de concejera. Así como también en múltiples foros de coyuntura política durante los meses de paro.

Me postulo a la mesa de la federación con la convicción de que todos estos años en los que he trabajado a nivel local y transversal me dan la experiencia necesaria para asumir con seriedad y responsabilidad un trabajo en la Fech, que tendrá como especial misión el próximo año la vinculación con otros sectores sociales para continuar con este movimiento que hemos levantado. Uno de los más importantes de ellos es el sector salud, cuya articulación incipiente pudimos ver este año. Organizaciones con las cuales yo ya he trabajado antes, como son los comités de usuarios, los consejos de desarrollo local, la Fenpruss, y la división de médicos de APS por nombrar algunos de los sectores movilizados.

El asumir este compromiso con el proyecto de Creando Izquierda no ha sido una decisión fácil. Después de haber estudiado una carrera conocida por lo extensa, salir al mundo laboral resultaba tentador, pero mi convicción es que el hacer política no se reduce a los primeros años de Universidad sino que es un compromiso que se asume para toda la vida, donde el proyecto colectivo es la prioridad.

Danae Sinclaire

Candidata a la Mesa Directiva FECH 2012

Lista F, Creando Izquierda

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Andrés Fielbaum

Soy Andrés Fielbaum, estudiante de 7º año de Injeniería de la Universidad de Chile, donde terminé mis ramos de Ingeniería Civil Matemática y estoy comenzando un Magíster en Transportes.

Desde que entre a la U siempre fui un cabro motivado políticamente de los típicos que van a marchas, asambleas, participan en comisiones durante las movilizaciones y durante el año se dedican más al estudio, van a algunos foros y marchas importantes. Fue en 2009 cuando comencé un trabajo más activo desde la Vicepresidencia del Centro de Estudiantes de Ingeniería Matemática. Con mis compañeros generamos espacios para compartir más allá de los estudios, y con nuestros profes, logramos a través de asambleas (que hacía tiempo no habían) resolver varios problemas puntuales de la carrera, y organizamos, en conjunto con la USACH, las primeras jornadas nacionales de Ingeniería Matemática, donde nos preocupamos de ligar los conocimientos que adquirimos en nuestra disciplina, que tiende a ser demasiado teórica, con aplicaciones que fueran útiles para nuestro país.

Estudié Ingeniería Matemática porque siempre me ha parecido notable la construcción de esta ciencia. El ver cómo se puede construir toda una complejidad mediante pasos lógicos partiendo de una base mucho más simple me parece muy atractivo. Entender ciertos fenómenos que se producen y potenciar el razonamiento matemático, con los desafíos que implica, lo encuentro muy interesante. Sin embargo, decidí complementar este estudio con la Ingeniería en Transportes porque si bien desde las matemáticas se puede hacer ciencia de primer nivel, sentí que es fácil caer en estudios que son muy interesantes para 30 científicos en el mundo, pero que no aportan en el día a día de nuestra sociedad. En cambio, al usarla como herramienta en un área tan importante como es el transporte sí se puede hacer una contribución importante para la vida cotidiana de la población.

Durante 2010 participé en la comisión de acceso de mi Facultad junto al CEI de aquel año, buscando diversas formas de lograr una real heterogeneidad en una Facultad en la que la composición de sus estudiantes está particularmente elitizada. A finales de ese año fui electo presidente del CEI 2011 desde el grupo Izquierda Injeniería, que agrupa a la generalidad de las personas que tienen sensibilidades de izquierda en mi Facultad. Desde el CEI hemos impulsado un fuerte rol de los departamentos, entendiendo que de esta forma logramos involucrar más a todos nuestros compañeros en una Facultad tan grande como es la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas. Antes del paro levantamos ciertas peleas locales, principalemente ligadas a la (falta de) democracia interna en nuestra localidad. Después nos movilizamos durante varios meses junto a todos nuestros compañeros, en diversas comisiones y en las marchas, demostrando que desde el mundo de la ingeniería también podemos (y queremos!) hacernos cargo de la construcción de este Chile más justo que todos soñamos.

Este año los estudiantes y Chile en general volvimos a creer en el poder de la acción colectiva, en la necesidad de incidir en la política. Lamentablemente, y pese a los mayoritarios niveles de aprobación y apoyo en las calles hacia nuestras demandas, la institucionalidad vigente nos ha dado la espalda.

Actualmente es una necesidad transformar nuestro país para hacerlo más justo, más igualitario, y radicalmente más democrático. Que vuelva a ser construido por las grandes mayorías, no como pasa hoy cuando ese 0,1%, las 4.500 familias más ricas del país, deciden cómo vivimos todos, si podemos o no estudiar, cómo nos endeudamos, si tenemos o no salud, vivienda, cultura. Pienso que como estudiantes de la Chile tenemos la fuerza para ser un agente importante en ese sentido y nuestra Federación es la principal instancia para trabajar por ello.

Andrés Fielbaum

Presidente del Centro de Estudiantes de Ingeniería 2011

Candidato a la Mesa Directiva FECH 2012

Lista F, Creando Izquierda

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Programa Creando Izquierda versión multimedia

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Programa Postgrado

La actual estructura de Bienestar de la Universidad no considera las necesidades de los estudiantes, investigadores y trabajadores de postgrado. Tal dato resulta sintomático de la ausencia de un plan claro de desarrollo universitario capaz de asumir la específica situación de los estudiantes de postgrado en general, así como las diferencias en las condiciones laborales, sociales y económicas de los estudiantes de los distintos programas existentes. Tampoco son estructuras pensadas para sujetos que poseen el doble carácter de Estudiantes y Trabajadores que pasan, mayoritariamente, el día en agotadoras labores, para después asistir a las aulas, sin el tiempo y las condiciones mínimas para producir conocimiento de calidad. No podemos permitir que un espacio de formación cuya progresiva importancia no sólo remite a la cantidad de alumnos allí inscritos, sino también a espacios de investigación que han ido adquiriendo una creciente importancia en las distintas Facultades, se vea superado por la imposibilidad de compatibilizarlo con la vida laboral o con las necesidades reales de una familia; o, por otra parte, por la inexistencia de las condiciones mínimas para una producción con sentido. Es necesario, por tanto, un plan de desarrollo claro, dotado de sistemas de seguimiento y apoyo a los estudiantes que le dan cuerpo, así como una discusión capaz de indagar en la función de la investigación en el marco de las necesidades de la Universidad y la sociedad.

En este sentido, el primer paso es trabajar por ampliar las direcciones de Bienestar para que sean capaces de cubrir las necesidades del postgrado, y en el mismo esfuerzo, impulsar la organización del postgrado tanto de modo transversal en la Universidad, como a nivel de facultades y programas, que asegure que las transformaciones que generemos en lo sucesivo van a responder efectivamente a las necesidades del postgrado de la Universidad de Chile. Aquello remite a cuestiones que van desde asegurar la Tarjeta Nacional Estudiantil hasta la generación de opciones de financiamiento que no obliguen al endeudamiento, pasando por facilidades para compatibilizar horarios de trabajo y estudio, aumento de becas o evaluación de la calidad de los programas. Los problemas económicos y académicos que se padecen no remiten a distintas dimensiones, sino que son distintas facetas de la misma precariedad de un espacio educativo que dista de ser un privilegio minoritario.

La creciente matrícula en postgrado revela que éste se ha transformado en una necesidad laboral, que tiende a aumentar el endeudamiento que muchos ya arrastran desde el pregrado, en virtud de la incierta apuesta de obtener un trabajo con mejores condiciones, que permita saldar ambas deudas. Tan triste contexto contrasta con nuestra consideración de la educación como un derecho social, lo que nos obliga a exigir la existencia de condiciones para poder acceder a ella en todos los niveles sin exclusión económica alguna.

Tales modificaciones requieren ir acompañadas de una reflexión profunda con respecto a la trascendencia nacional que hoy debiera tener la investigación en postgrado. Esta discusión hoy en día es privilegio de grupos cerrados que impulsan criterios de especialización orientados según las necesidades del mercado. Cuando nuestras tesis impactan positivamente en el país, aquello se debe antes a la noble voluntad de profesores y estudiantes que a un plan de investigación pensado a largo plazo para que las Escuelas de Postgrado produzcan el conocimiento científico que demandan las necesidades del país. De ahí la importancia de un debate con miras a reformular la relación entre la investigación y las necesidades del pueblo de Chile, capaz de colaborar con procesos de empoderamiento social mediante un conocimiento crítico que pueda impactar en las distintas esferas de administración, producción o gestión, sin replicar las lógicas mercantiles hoy imperantes.

A partir de tal diagnóstico, como Creando Izquierda hemos generado un programa inédito de demandas específicamente relativas a los postgrados de la Universidad de Chile, en el marco de nuestros lineamientos programáticos para la FECH. Las propuestas principales son las siguientes:

a) Generar espacios amplios de discusión entre estudiantes y académicos, desde los cuales repensar y re-enfocar académica y laboralmente los estudios de postgrado en la Universidad y en el país, desde los cuales podamos apropiarnos del desarrollo de nuestras labores y asegurar condiciones mínimas para el cumplimiento de nuestro triple rol de trabajadores, investigadores y estudiantes.

b) Potenciar la organización de los estudiantes de Postgrado, desde sus propias Facultades hacia espacios transversarles de articulación a nivel de Universidad y país.

c) Impulsar la participación de representantes de postgrado en espacios de decisión universitaria, como el Consejo Académico, de Escuela y a nivel transversal. Es vital que se pongan sobre la mesa las condiciones socioeconómica de nuestro estamento a la hora de discutir aranceles, becas y reajustes, ya que nuestra realidad se encuentra tensionada por nuestros deberes como trabajadores y estudiantes, autofinanciándonos nuestros estudios.

d) Exigir transversalmente como estudiantes de postgrado, el fin de los pagos por concepto de postulación y la transparencia en los procesos de aceptación y postulación a becas internas, además de impulsar a través de nuestras organizaciones la acreditación de todos los programas de postgrado de nuestra Universidad.

e) Trabajar por la extensión de los horarios de bibliotecas y salas de computación, para hacerlos compatibles con los horarios de quienes trabajan, así como generar espacios académicos y comunitarios para socializar el conocimiento generado, que permitan a la vez vincular a los estudiantes a labores de docencia e investigación.

f) Transparentar los criterios de inclusión en proyectos de investigación ya existentes, fomentar la generación de núcleos de investigación interdisciplinaria y promover la apertura de fondos concursables de investigación para estudiantes de postgrado.

g) Exigir que se hagan efectivas las facilidades para la toma de ramos en otras Facultades (que existen en el papel) y Universidades, la realización de co-tutorías nacionales e internacionales, la proposición de cursos en los respectivos programas y la publicación de la información sobre las evaluaciones docentes.

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Gonzalo Antonucci – candidato Concejero Salud

Mi nombre es Gonzalo Antonucci Huerta, alumno de IV año de Medicina, hace cuatro años Profesor del Preuniversitario Popular de la Facultad de Medicina y actualmente Concejero FECh por la Facultad. Este año re postulo al cargo de concejero por la Lista F “Creando Izquierda” para las elecciones del 5 y 6 de Diciembre.

Mi principal intención es lograr que los estudiantes de facultad se impregnen de un sentido de pertenencia a los espacios de participación y discusión. Todos tenemos que sentirnos capaces de incidir en el futuro de nuestra Facultad y Universidad.

Este sentimiento de que es posible construir una nuevaUniversidad, Educación y un País mejor y más justo fue el motor del proceso de movilizaciones de este año 2011. Entre marchas, asambleas, operativos de salud, comisiones y batucadas logramos vislumbrar otra sociedad. Una que se unió para luchar por lo que es simplemente justo. Forjamos una movilización hermosa e histórica que logro dar golpes que calaron en lo mas hondo del modelo político-económico actual. Golpes que en 20 años de democracia nunca antes fueron planteados con tal certeza y claridad por ninguno de los actores políticos pasados. Pero tengamos claro, han sido golpes que no han logrado dar frutos claros después de 6 meses de movilización. Y así como movimientos históricos anteriores (2006 y 2008) pudieron ser el semillero de un nuevo ciclo político en Chile, este movimiento debe ser valorado con la responsabilidad y altura de miras que el momento histórico nos entrega. Ya se logro plantear la necesidad y la legitimidad de la lucha por una educación gratuita, el quiebre de la representatividad de toda la clase política, la ineficiencia de un gobierno que sigue gobernando para unos pocos y la certeza de que la si nos unimos es imposible que nos ignoren.

 ¿Ahora que?

La ventana esta abierta, pero si no somos capaces de materializar los esfuerzos de la lucha del año pasado en métodos de construcción, habremos perdido gran parte del capital que logramos crear este año. Es necesario reforzar la alianzas que nos fortalecieron, no sólo como Universidad de Chile, sino como Movimiento Social.

Es esencial que se articule de mejor forma la comunicación con los secundarios y universitarios mas allá del CONFECH. Así como en el plano interno de la Universidad es necesario reforzar el sentido de comunidad triestamental, esta unión es la que nos dará la mayor fuerza. Cada uno de nosotros tenemos que ser capaces de confluir en los espacios de discusión y acción  nutriendode participación y pluralidad las resoluciones de nuestras asambleas y claustros. En esta construcción como estudiantes es necesario asumir nuestro rol activo como estudiantes de la Salud tanto en pregrado como para hacernos cargo de los problemas actuales y venideros en Salud.

 En este sentido propongo:

-Fortalecer los medios de comunicación permanente entre la Facultad, el resto de las facultades y la FECh. Los medios virtuales no pueden reemplazar los medios físicos de difusión.

- Potenciar la articulación permanente con secundarios y estudiantes de la salud. Se pude avanzar mucho en la difusión de la problemática estudiantil asociado de la creación de insumos de discusión.

-Repotenciar la coordinadora de campus norte. Que funcione de forma permanente.

-Gestionar foros de formación en temas relevantes y coyunturales como Acceso, Campos Clínicos, Problemática de Salud, Postgrado en la Facultad, Hospital Clínico Universidad de Chile y Salud Pública.

Finalmente una invitación, a tomar la batuta, a no perder cual es el real objetivo:recobrar la autodeterminación que hemos perdido como pueblo. Hoy en día nos regimos bajo un modelo implantado en dictadura y fogueado en democracia, que ha instalado al 1% mas rico de la sociedad como amos y señores de nuestra propia libertad. Si no logramos disputarles a la elite del país las políticas a largo plazo seguiremos con la misma inercia con que se ha conducido al país desde la vuelta a democracia. La invitación es a debatir y construir, ya que solo juntos lograremos transformar el modelo que nos impera en el Chile que queremos.

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Alejandro Fielbaum – candidato Concejero Postgrado

Como estudiante y ayudante del Magíster en Estudios Latinoamericanos, he podido notar que los estudiantes de tal espacio no hemos sido capaces de gestar un espacio para organizarnos a nivel de la Universidad, lo que nos mantiene en una posición algo limítrofe en una Universidad de la que somos parte inacabadamente. Para ello, es necesario gestar instancias que puedan compatibilizarse con los horarios de quienes estudian y trabajan, de forma tal de poder integrarnos a la FECH y a los respectivos territorios a partir de decisiones mayoritarias, superando así los desconocidos y reducidos espacios hoy existentes. Aquello resulta políticamente urgente, considerando la progresiva ampliación de la matrícula de postgrado en la Universidad. Sólo desde una organización unitaria y masiva podremos empoderarnos y sumarnos, desde nuestra específica ubicación, a un movimiento estudiantil que exige mantenerse en pie por un largo tiempo. Las coyunturas de este año, en efecto, propiciaron la generación de inéditas formas de articulación en variadas Facultades. En Filosofía y Humanidades podemos decir, con orgullo, que ya contamos con una Asamblea regular gracias al trabajo que hemos realizado durante meses junto a más de un centenar de estudiantes provenientes de distintos programas.

En tal espacio, estuve a cargo de la Comisión de Demandas de Postgrado, de la cual ha salido una agenda de trabajo a largo plazo con la Facultad. Ésta pasa por cuestiones que van desde la generación de más becas y mejores criterios para entregarlas, hasta mecanismos para proponer profesores invitados o solicitar libros para la Biblioteca, pasando por la transparencia en los ingresos del postgrado, la generación de un sistema de pagos relativo a la cantidad de cursos realizados semestralmente o la generación de Escuelas de Verano para estudiantes de colegios públicos por parte de estudiantes de Postgrado. Tal trabajo me parece fundamental al notar la inexistencia de una política clara, por parte de la Universidad, con respecto al rol del postgrado en la Universidad y el país, así como en lo relativo al presente económico y futuro profesional de sus estudiantes. Sólo desde nuestra organización puede cambiar tal situación, la cual hoy mantiene al espacio de postgrado en cierta precariedad que imposibilita el potencial desarrollo y socialización de conocimiento crítico por parte de nuestra Facultad. Bien sabemos que la calidad de los docentes y estudiantes de distintos programas podría generar espacios de reflexión de alto nivel, pero que la falta de recursos y planificación nos lleva a oscilar entre la improvisación y la pobreza, lo que no sólo atenta contra la calidad de los programas sino también contra la posibilidad de generar espacios de discusión que trasciendan al universitario.

En tal sentido, la generación de un inédito programa de Postgrado por parte de Creando Izquierda es el primer paso para comenzar a revertir tal situación. Somos la única lista con ésta preocupación, la cual no resulta una demanda aislada. Por el contrario, se conecta directamente con las demandas estructurales que hoy exigimos masivamente. La pobreza económica y académica que hoy atraviesa a los distintos espacios de postgrado no es más que otro de los síntomas de una educación precarizada desde hace 40 años, cuyo sometimiento a las lógicas del mercado no hace más que acorralar al conocimiento que no se traduce en un saber al servicio de la empresa o en una fácil repetición carente de crítica. En tal sentido, la transformación de nuestros programas en espacios inclusivos y capaces de generar conocimiento crítico es parte de la lucha por una educación pública, gratuita y de calidad en todos sus niveles.

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